
"Porque escribir hace bien,escribiré otra vez."
Si,me acuerdo de ese día.
Tenía que comprar peces.
Busqué en la guía el acuario más cercano de mi casa, marqué el número y llamé.(No acostumbro a llamar por teléfono donde no se quién me va a contestar, pero necesitaba los peces a como de lugar)
Me contestó un señor con una acento algo extraño y bastante gritón, medio sordo tal vez. La cosa es que le hice las preguntas mas absurdas sobre un pez (lo peor es que me salieron de naturaleza)
Se dió cuenta de inmediato que yo no era una sirena.
Mis preguntas ridículas iban desde si podía tener peces en una pecera redonda sin una bomba, con agua fría, si se aburrirían de girar todo el tiempo, si tenía que llegarles luz, que tipo de pez me servía, cuánto costaban...y cosas por el estilo.
Más encima el señor discutía con alguien mientras yo le preguntaba y a veces el me respondía lo que le iba a decir a la otra persona. En fin, un perfecto caos.
Colgué el teléfono, busqué la plata y partí al acuario. Me demoré bastante en llegar. La tienda de partida se llamaba "El pez tropical",. era una casa antigua, tenía poca luz y la que había venía de las peceras y de las ventanas. Afuera estaba nublado, así que no entraban rayos de sol.
Me quedé mirando las peceras mucho rato. Habían peces de varios colores, grandes, chicos, feos, gordos, raros. Unos parecían un plato tornasol, otros tenían los ojos enormes y recién ahi el señor me preguntó que quería.
Le expliqué todo denuevo y le volví a hacer las preguntas tontas. Me mostró los peces que necesitaba, los elegí y los sacó de su mar en miniatura. Los metió en una bolsa, le hizo un nudo y me los pasó.
También les compré arena y comida.
Iba caminando y me acordé de que no tenía pecera. Así que pasé a un supermercado chino. La pecera no era tan grande en comparacion al gran precio que valía. Me costó un ojo de la cara, tenía la plata. El problema es que no era mía.
Luego con pecera, peces y todo volví caminando.Los pobres peces vivieron la experiencia mas adrenalínica que podrían haber tenido en su vida.
Lo que para mi fue una simple caminata, para ellos fue un eterno tsunami.
LLegué y eché a los peces a la pecera y ahí me quedé mirándolos harto rato en la cocina.
Uno era blanco y el otro naranjo. Se seguían entre ellos y al mirarlos desde un costado se veían enormes, pero desde arriba se veían de su tamaño natural.
Al otro día los llevé a su destino final, a su casa.
Los dejé en otras manos, al fin y al cabo ellos nunca fueron míos.
Mayo 2.002 (De la primeras cosas que empezé a escribir)
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