
El señor me miraba derrepente, detrás del vidrio con ojos perdidos en el hambre y el frío. Yo le habría comprado lo mismo que estaba comiendo, pero es que uno nunca sabe, uno da la mano y ni se da cuenta cuando ya están bailando con uno.
La cosa es que es que el viejo me carcomió el corazón. ( O yo andaba sensibilona, o el el era buen actor.)Cuando salí metí la mano al bolsillo y al pasar frente a el me detuve y lo quedè mirando. -Buenas noches- Me dijo, y le di $400 pesos -Muchas gracias mijita.
-De nada.- Y le sonreí. -Que tenga buen fin de semana- Con ojos de carbón miraba.
-Ay, gracias, usted también, suerte- Y seguí caminando a la suerte de la vereda. Al final terminé por las calles a las 4 de la mañana sin rumbo asegurado, dando vueltas cuan mendiga de cariño.
Si, tal vez por eso el mendigo me movió algo, porque en el fondo, y no tan hondo yo también soy una mendiga,pero de cariño. Me vi reflejada en el, de otra forma claramente, pero con la misma sed de necesidad de algo.
El vive de la caridad monetaria del día a día, (Si es que)y yo vivo del cariño que me da derrepente la humanidad caritativa.
El problema, es que al igual que el, la gente no se acerca siempre, tienen miedo de que uno, no se. De algo.
¡Pero si yo no como brazos! MMmm......Pero si labios.......
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