08 julio, 2006

De Chincol a Jote.


Tu y tus juegos ave de estación
nunca te quedarás en este
nido.
Me aburrí de darte todo el maíz
que tenía para que te posaras a mi lado.
Pero tu pichoncito te vas de
mis manos. Te vas y me
cansé de perseguirte.
Jamás me pediste alpiste
yo tan gentil, tan ciega.
Pichoncito ave de repiña,
que cuando menos me lo esperaba
me tomó cuan presa y me
arrancó el corazón.
Ojalá se lo huibiese comido,
volando allá arriba lo
soltó, dejándolo morir
en caida libre contra el suelo.

Alimenté a ese crío, a ese
que me usó.
Se llevó mi maíz y mi corazón.
Lo mordisquió y
escupió.
Mal agradecido
vete ya.
Ave carroñera de mi alma
nunca más te
pondré corontas
en mi jardín.

Buhitre de días nublados
no verás más mi maíz.
Nisiquiera me cantaste
alguna mañana,
en tu época de gentil
zorsal.
Avecilla desnutrida
de amor, no te
alimentaré.
No dejaré que vuelvas
a morder mi mano
que te dió de comer.


(Marzo 2.003)

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